La crisis energética mundial y la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero han situado a la energía nuclear en el centro del debate. Crédito: Unsplash.

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El inesperado regreso de la energía nuclear

En plena crisis energética, climática y política mundial, múltiples potencias han reforzado su apuesta por la energía nuclear. Aunque este tipo de energía aspira a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, sigue teniendo los mismos inconvenientes: el alto coste y la gestión de los residuos radiactivos. ¿Hemos aprendido a controlar sus riesgos?

ISABEL RUBIO ARROYO | Tungsteno

 

A lo largo de la historia, ha habido múltiples propuestas para deshacerse de los residuos nucleares: de catapultarlos al espacio a arrojarlo entre placas tectónicas y enterrarlos bajo tierra en islas remotas. Actualmente se almacena en lugares como el complejo de Hanford, situado en el Estado de Washington y considerado el mayor cementerio nuclear del mundo. En sus 177 tanques, hay 200.000 metros cúbicos de residuos radioactivos de alto nivel. La crisis energética y la guerra de Ucrania están provocando un inesperado regreso de la energía nuclear en todo el mundo. Analizamos los pros y los contras de este tipo de energías y los desafíos que plantea, por ejemplo, a la hora de deshacerse de los residuos radiactivos.

 

Un fuerte impulso a la energía nuclear

 

La energía nuclear proporciona alrededor del 10% de la generación de electricidad mundial, según la Agencia Internacional de la Energía“Ha sido uno de los mayores contribuyentes mundiales de electricidad libre de carbono y, si bien enfrenta desafíos importantes en algunos países, tiene un potencial significativo para contribuir a la descarbonización del sector eléctrico”. La organización subraya que la energía nuclear ha evitado alrededor de 55 gigatoneladas de emisiones de CO2 en los últimos 50 años, “casi lo equivalente a 2 años de emisiones globales de CO2 relacionadas con la energía”.

En los últimos meses, varios países han reforzado su apuesta por la energía nuclear. Desde el 1 de enero de 2023, invertir en determinadas centrales nucleares será considerado “sostenible” por la Unión Europea. Su principal argumento para este cambio es que prácticamente no emite gases de efecto invernadero. Para que la central nuclear se considere "sostenible", uno de los requisitos es que el país donde se instale tenga almacenes definitivos para residuos radiactivos de baja y media intensidad ya operativos y un plan para abrir una instalación para los de alta actividad de aquí a 2050.

El gobierno de Alemania, por su parte, ha anunciado que mantendrá en funcionamiento sus últimas tres plantas nucleares, una reversión de una popular política de eliminación nuclear que se inició después del accidente de FukushimaLa medida, impulsada por la creciente guerra económica con Rusia y el aumento del precio de los combustibles fósiles, marca la primera desviación de una política de dos décadas centrada en abandonar la energía nuclear.

El primer ministro japonés, Fumio Kishida, también anunció en agosto que el gobierno reiniciaría varias plantas nucleares inactivas y desarrollaría planes para construir reactores nuevos y más avanzados. Esta medida llega aproximadamente una década después de que el país sufriera el accidente en la central nuclear de Fukushima. El 11 de marzo de 2011, Japón se vio sacudido por un terremoto y un posterior tsunami que provocó olas de más de 10 metros de altura y acabó con la explosión en la planta atómica japonesa y la liberación de grandes cantidades de radiactividad al medio ambiente.

 

La Comisión Europea ha reconocido la energía nuclear como "verde". Crédito: DW News.

 

Accidentes en plantas nucleares y otros riesgos

 

Este tipo de accidentes y otros como los provocados en Chernóbil en 1986 generan una radiación que puede permanecer presente en el medio ambiente durante años, según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). De hecho, el agua radiactiva de la central de Fukushima aún es un problema urgente diez años después del accidente nuclear. Además de que este tipo de accidentes tienen efectos nocivos en los animales y a las plantas, también pueden dañar la salud de las personas.

Los humanos pueden contaminarse en caso de tragar o respirar materiales radiactivos o si estos entran en contacto con su piel, cabello o ropa, tal y como indican los los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés). “Más allá de ciertos umbrales, la radiación puede afectar el funcionamiento de órganos y tejidos, y producir efectos agudos tales como enrojecimiento de la piel, caída del cabello, quemaduras por radiación o síndrome de irradiación aguda”, añade la Organización Mundial de la Salud, que subraya que las poblaciones expuestas a la radiación también pueden tener un mayor riesgo de desarrollar cáncer. Todas estas consecuencias y desastres como los de Chernobyl y Fukushima han impulsado la oposición pública a la energía nuclear, según cuenta Sharon Squassoni, profesora en la Universidad George Washington y miembro de la junta de la revista Bulletin of the Atomic Scientists, al portal Grid.

 

El 11 de marzo de 2011 se produjo el accidente de la central nuclear de Fukushima Daiichi. Crédito: BBC News.

 

El dilema de los residuos nucleares

 

La energía nuclear tiene otras limitaciones. Algunos informes indican que sus reactores se consideran cada vez menos económicos y más lentos para revertir las emisiones de carbonoA ello se suma que el dilema de cómo gestionar los desechos nucleares ha afectado a la industria, los académicos y los gobiernos durante décadas. Se han propuesto ideas de todo tipo, pero la mayoría han sido rechazadas por ser poco prácticas, demasiado caras o ecológicamente inaceptables. Por ejemplo, hay quienes han propuesto mandar estos residuos al espacio, aislarlos en roca sintética, enterrarlos en capas de hielo, verterlos en las islas más aisladas del mundo o arrojarlos a las fosas más profundas del mar.

Para almacenar los residuos radiactivos hasta que se desintegren o hasta que se encuentre una mejor solución, múltiples potencias recurren a los cementerios nucleares. Los gobiernos y la industria consideran que el entierro profundo de estos residuos es, al menos por el momento, la mejor solución. Pero hay quienes ven en esta alternativa algunas limitaciones. Paul Dorfman, fundador de Nuclear Consulting Group, explica a The Guardian que “la amarga realidad es que no existe una forma científicamente probada de eliminar el problema existencial de los desechos de nivel alto e intermedio”. “Dadas las enormes incertidumbres técnicas, si algo sale mal bajo tierra en los próximos milenios, entonces las generaciones futuras corren el riesgo de una contaminación profunda y generalizada”, señala.

 

La energía nuclear puede generar residuos radiactivos que deben permanecer aislados durante siglos. Crédito: Unsplash.

 

No hay duda de que la crisis energética mundial y la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y mitigar los efectos del cambio climático han situado a la energía nuclear en el centro del debate. No es la primera vez que este tipo de energía gana popularidad en momentos ​​de incertidumbre sobre el suministro de energía. Squassoni recuerda que la crisis del petróleo en los años 70 “fue lo que convenció a Francia y Japón para apostar por la energía nuclear”. “Tengo curiosidad por ver hasta qué punto este pánico por la escasez de energía tiene un efecto impulsor para la energía nuclear”, concluye.

 

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Tungsteno es un laboratorio periodístico que explora la esencia de la innovación. Ideado por Materia Publicaciones Científicas para el blog de Sacyr.

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